REVISTA ENTORNO Edición 18

EDITORIAL

A menudo, una de las situaciones más difíciles de enfrentar es el cambio. Estrictamente definido como «dejar una cosa o situación para tomar otra», o «convertir o mudar algo en otra cosa, frecuentemente su contraria», las implicaciones que el cambio puede tener en la vida cotidiana de las personas pueden ser positivas o negativas.

El 2019 llegó a su fin con una serie de noticias sobre el surgimiento de un virus en Asia, cuyo origen y efectos específicos en la salud humana eran muy poco entendidos. Para el momento en el que la enfermedad fue reconocida como pandemia, los primeros casos en México ya se encontraban en los hospitales bajo el diagnóstico de neumonía atípica. Epidemiólogos alrededor del planeta discutían el alcance que podría tener para la salud mundial, mientras que economistas hacían proyecciones sobre los efectos negativos que el virus tendría en la economía global. Al mismo tiempo, los biólogos dedicados a la conservación de hábitats medían los efectos positivos derivados del confinamiento humano: la calidad del aire mejoró en miles de ciudades y diversas poblaciones de animales invadieron hábitats en los cuales no habían sido observados en décadas. Sin embargo, el confinamiento, una de las medidas tomadas para frenar el avance del virus, también puso a prueba a los seres humanos, sus instituciones y, en general, su forma de vida. Muchas universidades, por ejemplo, vieron entorpecidas sus actividades normales de enseñanza e investigación, mientras que otras dejaron de existir. Las actividades de educación e investigación de aquellas universidades que sobrevivieron a los grandes retos impuestos por la pandemia fueron adaptadas a entornos virtuales, que dependen —casi por completo— del desarrollo y adquisición de tecnología de punta. Esto, a su vez, implicó que las universidades procuraran los recursos necesarios para asegurar el respaldo de este tipo de tecnologías. Sin embargo, lo que la tecnología per se no puede hacer es llevarnos a alcanzar nuestros objetivos, cualesquiera que sean. Alcanzar los objetivos de una persona depende —en gran medida— de sí misma, y lograr los de un grupo requiere que los objetivos individuales estén alineados con el progreso grupal.

Mientras continuamos nuestro camino hacia un futuro aún incierto, encontramos respuestas a muchas de las preguntas que llegaron con la pandemia de COVID-19, otras aún nos eluden, pero hoy podemos ver que existen patrones claros que merecen ser investigados y difundidos. En este número de Entorno UDLAP se encuentran los trabajos de Lanners-Kaminski y Banitz, y el de Palacios-Rosas et al., que son muestra clara de mi aseveración. Por su parte, trabajos como el de López-Pintor et al. y el de Restrepo Gómez et al. surgieron porque las mentes de visión clara y objetivos definidos supieron encontrar un camino en medio de la oscuridad.

 

Martín Alejandro Serrano Meneses

Editor en Jefe

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